sábado, 25 de septiembre de 2010

BENEDICTO XVI EN INGLATERRA, UNA VISITA HISTORICA


Todo parecía augurar que la histórica visita del Papa Benedicto XVI a Inglaterra, a 500 años de la ruptura producida por Enrique VIII con la Iglesia Católica Romana, no sería fácil y mucho menos una sementera de grandes logros apostólicos.En efecto, desde su elección como Jefe de la Iglesia, los medios de comunicación británicos no tuvieron la más mínima condescendencia en catalogar a nuestro supremo Pastor con una lluvia de epítetos que habrían hecho arrugar el ceño a cualquier monarca o jefe de estado: Rottweiller, abuelo, demonio, martillo de gays, etc., fueron sólo algunos de los adjetivos utilizados para menoscabar y ridiculizar la figura de este eminente sacerdote e intelectual.

Estos ataques llegaron a su cenit, incluso, momentos antes de que su Santidad tocara suelo Bretón, manifestándose en una hostilidad creciente hacia la figura del Pontífice por parte de la opinión pública, quienes mayoritariamente expresaban su disconformidad por el enorme gasto en seguridad (31 millones de dólares) provenientes de fondos del gobierno para las actividades programadas entre el 16 y 19de Septiembre del 2010. Las encuestas, sólo venían a confirmar lo inapropiado de esta visita pues para un 79% de los Británicos el viaje del Papa le era indiferente. Por otro lado, una atmósfera de desconfianza se respiraba en el ambiente previo, esto por el impacto negativo de esta visita en la propia Iglesia Anglicana, y por las acusaciones hechas en contra del Papa, por su supuesta protección a pederastas al interior de la Iglesia y por su posición ultraconservadora en materia de aborto, contracepción, ordenación de mujeres y derecho a la adopción de parte de parejas homosexuales.

Bajo tal clima de animadversión, ningún Jefe de Estado sensato y con los píes bien puestos en la tierra habría emprendido semejante viaje para jugarse el prestigio o exponerse a descalificaciones e incluso atentados, menos por un número tan insignificante de seguidores (¡10%, de una población de 60 millones, donde la mitad se declara Anglicana!). Sin embargo, lo imposible se produjo, ¡Después de cuatro días de permanencia los malos augurios en torno a la visita Papal se desvanecieron! La prensa y los medios de comunicación se rindieron a los pies del sucesor de Pedro, afirmando que se trataba de: “Un hombre santo, al que Gran Bretaña aprendió a querer!" Las personas de quienes se esperaba indiferencia, terminaron por convencerse de que aquel hombre pintado como intolerante y ultra-conservador, venía a buscar el entendimiento y el diálogo. De esta forma, las calles inglesas se abarrotaron de gentes llenas de alegría al contemplar y oír, después de 500 años, la voz de esta "Piedra" que con una palabra de vida, esperanza y actualidad ponía el cerrojo a la imagen de un pontificado oscurantista, ajeno a los problemas del mundo desarrollado.

¿Pero cual fue el mensaje y testimonio de su santidad que cautivó a los habitantes del Reino Unido? El mismo lo resumió así en la Audiencia General, celebrada en ciudad del Vaticano este 22 de Septiembre del 2010: En su encuentro con su Majestad la Reina Isabel II, recordó que el mensaje cristiano se ha convertido en parte integrante de la lengua, del pensamiento y de la cultura de los pueblos de esas Islas. Habló también del papel que Gran Bretaña ha tenido y sigue teniendo en el panorama internacional. En la asamblea litúrgica, celebrada en Bellahouston Park, Glasgow, Escocia, recordó la importancia de la evangelización de la cultura, especialmente en nuestra época, en la que un relativismo penetrante amenaza con oscurecer la inmutable verdad sobre la naturaleza del hombre. Durante su visita a Londres, habló a educadores y jóvenes, a ellos les recordó la importancia de la fe en la formación de ciudadanos maduros y responsables, proponiéndoles que no persigan objetivos limitados, sino que apunten hacia algo más grande, es decir, la búsqueda de la verdadera felicidad que se encuentra sólo en Dios. En la cita con los responsables de las demás religiones mayormente presentes en el Reino Unido, recordó la ineludible necesidad de un diálogo sincero, manifestando la búsqueda de lo sagrado como terreno común, para reforzar la amistad, la confianza y la colaboración. En su encuentro con el Arzobispo Anglicano de Canterbury, reafirmó el compromiso común en el testimonio del mensaje cristiano que une a católicos y anglicanos; coincidentemente en el encuentro con personalidades institucionales, políticas, diplomáticas, académicas, religiosas, representantes del mundo cultural y empresarial subrayó que la religión, para los legisladores, no debe representar un problema que resolver, sino un factor que contribuye de forma vital al camino histórico y al debate público de la nación, en particular al recordar la importancia esencial del fundamento ético para las decisiones en los diversos sectores de la vida social.

Posteriormente en un acto ecuménico Anglicano-Católico, llevado a efecto en la Abadía de Westminster el Sucesor de Pedro veneró, en comunión fraterna, la tumba de san Eduardo el confesor, mientras el coro cantaba: Congregavit nos in unum Christiem> amor, alabando a Dios, que nos conduce en el camino de la unidad plena.

Durante la celebración eucarística en la catedral de Westminster, dedicada a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor, Benedicto XVI expresó su profunda alegría por haber encontrado a un gran número de jóvenes que participaban en la Santa Misa desde el exterior de la catedral. Posteriormente, en la Nunciatura Apostólica, se encontró con algunas víctimas de abusos por parte de miembros del clero y de religiosos a quienes expresó "su profundo pesar y vergüenza por los hechos cometidos", indicándoles que el camino para sanar estas heridas es el de la reconciliación “que otorguen serenidad y esperanza para el futuro”.

El culmen de la visita al Reino Unido fue la beatificación del cardenal John Henry Newman, hijo ilustre de Inglaterra. En la homilía Benedicto XVI volvió a proponer la luminosa figura del cardenal Newman, intelectual y creyente, cuyo mensaje espiritual se puede resumir en el testimonio de que el camino del conocimiento no es cerrazón en el propio “yo”, sino que es apertura, conversión y obediencia a Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida.

De esta forma la gran lección de nuestro amado Pontífice es que la locura de la Cruz es más sensata que la sabiduría y poder de los hombres y de los medios creados por ellos para influir en las conciencias. Los pies de Benedicto XVI, como peregrino en esta tierra, siguen las mismas huellas que Cristo dejó en su caminar entre los hombres. El nos invita a ser ciudadanos del Cielo, a mirar, actuar, amar y sentir como lo haría Cristo, no haciendo cálculos a partir de criterios humanos, sino siendo audaces y confiados en el uso de las armas que propone el Evangelio al hombre de hoy; las mismas que usa en cada uno de los viajes en que parece que todo está en su contra y tiene todas las de perder. Paradojalmente este resulta ser su punto de fuerza….Benedicto XVI, es un gran Papa que nos anima a trabajar sin descanso para defender las verdades morales inmutables que no son otra cosa que la luz de la Verdad que está con él, sólo necesita mostrarse como es para cambiar radicalmente a la opinión pública… y ¿Nosotros estamos dispuestos a creer y seguir sus pasos y su enseñanza y a reformular los métodos de evangelización que nos exige el mundo globalizado? ¿Queremos vivir una fe cómoda entre cuatro paredes o, por el contrario, salir a reconquistar a ese corazón cristiano que aún late en occidente y en nuestras calles, plazas y centros comerciales, en nuestras escuelas, en nuestras familias y entre nuestras amistades, o al otro lado de la pantalla, y al que como discípulos del Maestro estamos obligados a reanimar?