jueves, 26 de marzo de 2009

Obama la Refinada y Sonriente Cara de la Cultura de la Muerte


1. INTRODUCCION: OBAMA LA REFINADA Y SONRIENTE CARA DE LA CULTURA DE LA MUERTE.

Ciertamente el actual Presidente de los EEUU Barak Obama ha demostrado ser un genial camaleón político que, relativizando las creencias y exigencias de la moral que dice representar, el cristianismo, ha engatusado a una gran cantidad de electores; quienes, confiados en sus guiños hacia el mundo protestante o en sus empalagosos discursos donde no se dejaba de lado el Padre Nuestro, despiertan asombrados ante una de las caras más cínicas de la política mundial.

En efecto, Barak Obama se ha erigido en la encarnación del relativismo moral de nuestros tiempos, esto por pretender llevar adelante un programa de gobierno donde la exclusión de toda forma de religiosidad, incluida la cristiana, es la máxima.

Esta “nueva era”, como el mismo la definió en su discurso del 20 de Enero del 2009 en Washington, ha sido inaugurada con dos medidas radicales que van en una dirección contraria a los llamados hechos por el Santo Padre Benedicto XVI, y su predecesor Juan Pablo II, en pro del respeto a la dignidad de la vida humana desde la concepción y del modelo tradicional de familia según la tradición judeo-cristiana.


2. OBAMA: GENOCIDIO A GRAN ESCALA Y CANIBALISMO GENETICO.

Atropello a la Dignidad Humana: Obama ha lanzado una ofensiva de apoyo a los grupos pro-aborto y a la experimentación con células madres, esto último costará la vida a cientos o miles de embriones humanos, sin contar con aquellos que permanecerán congelados por el tiempo que los “científicos” estimen necesario a objeto de “alimentar” a otros con el potencial genético de estas inocentes víctimas.

Ambas medidas constituyen una vuelta al canibalismo, ciertamente de una manera más refinada que la exhibida por los grandes genocidas de la historia, pero no menos bestial en sus consecuencias. Lo anterior, porque negando o relativizando el fin último de todo ser humano se justifica que aquellos que tienen el don de la razón, y por lo tanto pueden ejercer sus derechos civiles, dispongan de la plena potestad para decidir sobre la vida o la muerte de aquellos que, por encontrarse en un estadio de desarrollo tal que les impide manifestar su voz frente a esta agresión, son considerados inferiores en cuanto a esos mismos derechos.
Algunas de las interrogantes que surgen frente a estas medidas son: ¿Es lícito que para asegurar tu vida profesional o conservar tu independencia tengas que asesinar a otros mediante el aborto? ¿Es ético que para asegurar tu vida o la de tus hijos frente a una enfermedad uses, compres o contrates una medicina cuya fabricación costó la eliminación de cientos de hermanos de nuestra misma especie? ¿No es esta acaso la misma lógica usada por Adolf Hitler para construir un imperio de privilegiados a costa de la mutilación y exterminio de millones?
Jamás la humanidad en su conjunto se había enfrentado a tal dilema ético, jamás en su historia se había visto enfrentada a un derramamiento de sangre tan cínico como el promovido por Barak Obama y los líderes de Oriente y Occidente. Ciertamente el riesgo que corremos como cristianos es mancharnos de la sangre de estos inocentes mártires, so pretexto de alcanzar un status genético que nos permita recuperar, asegurar o alcanzar un nivel mental y físico más allá de nuestras actuales posibilidades.
Según el sr. Obama esta locura “no abrirá la puerta a la clonación humana” ya que la considera “peligrosa, profundamente errónea y porque no tiene lugar en nuestra sociedad, o en cualquier sociedad”. Sin embargo, sabemos que es sólo cuestión de tiempo para que así suceda en EEUU; de hecho desde el año 2004 Inglaterra ha autorizado la clonación de embriones con fines terapéuticos y a contar del 2007 la Autoridad de Embriología y Fertilización Humana ha comenzado un estudio para decidir si autoriza la creación de "embriones híbridos" en los que se mezcle material genético de seres humanos y animales.
¡Dios ha muerto y nosotros lo hemos matado! blasfemó Nietzsche hace poco más de 100 años y muchos se escandalizaron. En este comienzo de siglo la nueva era prometida por Obama parece gritar con cínica sonrisa: ¡Dios no ha muerto, aún sigue vivo, pero hemos desfigurado tanto su Rostro con nuestras iniquidades que cada vez será más difícil para los mortales reconocer la infinita dignidad y belleza que encierra su Persona! Frente a esta afirmación pregunto: ¿Es que acaso las SSEE no nos vuelven a interpelar? ¿Es que acaso no entendemos el hilo que enlaza la antigua tradición, de la que por la fe somos legítimos herederos, y los acontecimientos que se exponen ante nuestros ojos en este punto crucial de la historía? Es que acaso los hombres de aquel tiempo no hicieron con Cristo lo que quisieron hasta desfigurar su auténtico rostro, a fin de que algunos cuantos de los de su generación pudiesen conservar por un breve espacio de tiempo unos cuantos privilegios idolatrados con cegada e iracunda ambición?

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