
El asesinato del Dr. George Tiller, en el Estado de Kansas, ha conmocionado a la opinión pública mundial y, de paso, ha evidenciando la alta polarización que el "derecho al aborto" genera en la sociedad Norteamericana; país que desde la legalización de esta práctica, en 1973, ha interrumpido la existencia de a lo menos 40 millones de seres humanos.
La muerte del Dr. Tiller, cuya clínica ofrecía servicios para abortar hasta las 24 semanas de gestación, es un signo para nuestros tiempos que debe hacernos reflexionar respecto al valor de la vida humana. En efecto ¿Tenía la vida del Dr. Tiller más valor que la vida de los miles de niños que ayudó a abortar? ¿Es posible que la sociedad occidental haya alcanzado tal ceguera moral, al igual como lo estuvo la sociedad alemana frente al Nazismo, como para justificar el infanticio a escala industrial?
Ahora que la familia y partidarios de las prácticas del Dr. Tiller piden justicia, por este horrendo crimen, habría que cuestionarse sobre ¿Quién resguarda los derechos y pide justicia por las miles de criaturas asesinadas, por los cientos de "Dr. Tiller" que al amparo de gobiernos democráticos siguen actuando impunemente? y si ¿Están nuestros candidatos presidenciales concientes de la polarización que generará, entre los chilenos, el ofertón de iniciativas pro aborto y la posterior promulgación de leyes que apunten a la despenalización del infanticidio en nuestro país, como resultado de sus promesas de campaña? Ciertamente los 30 años de experiencia del país del norte, en esta materia, pueden ayudar a asumir compromisos con visión de Estado y el bien común, asegurando el respeto de los derechos humanos de todos los ciudadanos desde el momento mismo desde la concepción.
La muerte del Dr. Tiller, cuya clínica ofrecía servicios para abortar hasta las 24 semanas de gestación, es un signo para nuestros tiempos que debe hacernos reflexionar respecto al valor de la vida humana. En efecto ¿Tenía la vida del Dr. Tiller más valor que la vida de los miles de niños que ayudó a abortar? ¿Es posible que la sociedad occidental haya alcanzado tal ceguera moral, al igual como lo estuvo la sociedad alemana frente al Nazismo, como para justificar el infanticio a escala industrial?
Ahora que la familia y partidarios de las prácticas del Dr. Tiller piden justicia, por este horrendo crimen, habría que cuestionarse sobre ¿Quién resguarda los derechos y pide justicia por las miles de criaturas asesinadas, por los cientos de "Dr. Tiller" que al amparo de gobiernos democráticos siguen actuando impunemente? y si ¿Están nuestros candidatos presidenciales concientes de la polarización que generará, entre los chilenos, el ofertón de iniciativas pro aborto y la posterior promulgación de leyes que apunten a la despenalización del infanticidio en nuestro país, como resultado de sus promesas de campaña? Ciertamente los 30 años de experiencia del país del norte, en esta materia, pueden ayudar a asumir compromisos con visión de Estado y el bien común, asegurando el respeto de los derechos humanos de todos los ciudadanos desde el momento mismo desde la concepción.
No hay comentarios:
Publicar un comentario