viernes, 6 de agosto de 2010

CONSECUENCIA ENTRE LO QUE SE PREDICA Y LO QUE SE PRACTICA


No dejan de sorprender las palabras de algunos conciudadanos que con inusitado fervor se declaran católicos y al mismo tiempo partidarios del matrimonio homosexual. Lo anterior, como si esta propuesta, en caso de materializarse, no tuviera serias implicancias éticas, morales y sociales tanto para el mundo cristiano como para la sociedad en su conjunto.

Curiosa manera de parte de algunos, incluidos algunos Parlamentarios, de entender y profesar esta fe que tanto en sus fundamentos exegéticos como doctrinales, inequívocamente, condena la práctica de la sodomía por ser pecado mortal y causa de escándalo. Para refrescar la memoria, a estos "singulares" católicos, se hace preciso recordar la palabra del santo Padre Juan Pablo II, quien en una de sus últimas publicaciones condena al matrimonio homosexual, calificándolo como ideología del mal, comparable al Nazismo.

Es preciso, por lo tanto, que nuestros representantes en el Parlamento no instrumentalicen la fe para confundir a la ciudadanía con fines netamente políticos y que por el bien de Chile hagan una apuesta para promover una renovada conciencia colectiva sobre el valor de la familia heterosexual como bien público, restando protagonismo a aquellas minorías fuertemente ideologizadas que ya en el viejo continente comienzan a ser cuestionadas por aquellos movimientos que, de manera creciente, luchan por un "retorno, en las legislaciones civiles, al matrimonio y familia heterosexual en cuanto realidades naturales".

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